Una azotea sin mantenimiento pierde su capa protectora en un promedio de tres a cinco años, dependiendo de la exposición al sol y de si hay encharcamientos frecuentes.

Las señales más comunes son manchas amarillentas en el plafón, pintura que se abomba o se descarapela en el techo interior, y humedad que aparece primero en las esquinas superiores de los muros.

Revisar la azotea antes de temporada de lluvias es más barato que reparar un plafón dañado o instalación eléctrica afectada por filtración constante.

Puntos que conviene inspeccionar

  • Encharcamientos que no drenan en menos de 24 horas.
  • Grietas visibles en la superficie del recubrimiento.
  • Bajadas de agua pluvial obstruidas u oxidadas.
  • Uniones entre losa y parapetos, un punto crítico de filtración.

Hacemos diagnóstico de azotea y aplicación de sistemas impermeabilizantes con garantía por escrito.

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